domingo, 9 de julio de 2017

Prólogo para una guerra. Iván Repila

Prólogo para una guerra
Iván Repila
Barcelona, 2017
Editorial Seix Barral
Colección Biblioteca Breve
ISBN 978-84-322-2987-9


El estilo como marca








Iván Repila (Bilbao, 1978) elabora en Prólogo para una guerra, su tercera novela, una alegoría sobre la sociedad occidental contemporánea. Una sociedad urbana, habitada por individuos diversos, con intereses y recorridos distintos pero unidos muchas veces por la incomunicación y por el dolor. No aparecen las referencias espacio-tiempo. El espacio narrativo es una ciudad sin nombre, pero fácilmente reconocible como referente de la globalización. No aparece el tiempo histórico en el relato de Emil y el Mudo, pero identificamos los tiempos convulsos de principios del siglo XXI.

    Se narra la trayectoria vital de dos personajes antagónicos pero unidos por el sufrimiento y la búsqueda. Emil Zarco es un arquitecto de prestigio cuya propuesta es seleccionada para el proyecto de urbanizar un barrio periférico en su propia ciudad. De ser considerado entre los colegas como huraño y lunático se convierte en estrella de la arquitectura no sin alguna sensación de euforia y también de vértigo. Él quiere permanecer. En lo personal, su convivencia con Oona se tambalea ante la evidencia de que no pueden tener hijos. Gana la incomunicación y ella un día desaparece. 

     El Mudo es el personaje antagónico. Él quiere desaparecer. Se ha impuesto el silencio para acallar su dolor. Vive con un perro sin nombre y una chica llamada Hache. Representan el otro extremo de la ciudad, donde habitan los desposeídos, los anónimos. Un día el Mudo ve a Oona  “Una mañana la vio”, le recuerda a su mujer y decide seguirla por la ciudad.  

    La narración es bimembre en la forma y en el fondo. Los capítulos de ambas tramas se alternan en una estructura paralelística de doble recorrido, antagónico e inverso. Y al final, nos queda una propuesta de reflexión, una posibilidad de redención de la sociedad. Se deja entrever el triunfo de la capacidad de resistir, de luchar por tiempos menos convulsos.

    Iván Repila ha apostado por una narración alegórica, con un lenguaje cargado de metáforas, con un empeño en la selección léxica, en la búsqueda de la palabra precisa. El resultado es un plus de lenguaje poético, de gran belleza. En algunas páginas se oyen los ecos de la prosa de Jesús Carrasco en su novela Intemperie. 
El anexo de las últimas páginas resulta ser el cuaderno rojo de Emil, un poemario que recoge su intimidad. El lenguaje simbólico pretende explicar lo abstracto, expresar lo conceptual. Y Repila lo viste de metáfora. No es una apuesta fácil en la actualidad, porque un lenguaje excesivamente elaborado puede hacer que el relato pierda naturalidad. Lo cierto es que aquí, el estilo es marca de autor, que usa el lenguaje como herramienta para el conocimiento.