domingo, 2 de julio de 2017

Karl Ove Knausgård en Barcelona


Confieso aquí que el martes, 27 de junio, tuve que decidirme por uno de los eventos literarios que tenían lugar en Barcelona y lo hice por Kanausgård. Y eso a pesar de que Fernández Cubas, Aramburu y el mismo Vila-Matas, entre otros, se citaban en Casa del Llibre para celebrar la Fiesta de Seix Barral esa misma tarde de verano. Sí, me decidí por el más guapo, no lo niego. Caí en los hilos de Karl Ove y me planté en el CCCB con mi entrada en mano y un ejemplar de Tiene que llover, la quinta entrega de Mi lucha. Comprobé que muchísima gente había pensado lo mismo que yo.

    Lo presentó el periodista cultural Antonio Lozano. Destacó la valentía del autor por el alto grado de exposición vital que supone su obra. Pero también habló de la controversia que ha levantado en algunos sectores de la crítica: sobrevalorado para unos, hipnotizador para muchos. Y es que en la sala de conferencias no quedaba hueco para nadie más. “Esta sala llena es una locura para mí”, fueron sus primeras palabras. Todo empezó como un proyecto, hacer una descripción íntima de la propia vida. “Me utilicé a mí mismo” y eligió el lugar más universal, la literatura. Habló de capturar sensaciones, de mostrar su relación con personas muy concretas de su familia. Pero los temas que más me cautivaron fueron el de la timidez, el pudor y el proceso y el sentido de su escritura. Dijo que el pudor o la vergüenza ejercen como mecanismos de represión para uno mismo. “Soy tímido pero cuando escribo, mi obra lo que intenta es huir del pudor”.

Destaca su estilo por una negación absoluta del artificio, como modo de describir el pensamiento. Con gran seguridad afirmó: “No me interesan las palabras”. No hay pues, selección léxica, ni metáforas, ni recursos expresivos más allá de la naturalidad. La voz de la traductora de la conferencia repitió algunas veces la expresión catalana “tal com raja”; esto es, escribir “tal como suena, tal como sale”, sin artificio ni elaboración del lenguaje literario. Escribir es entrar (apunté entre mis notas), adentrarte en ti mismo, hacer una voz y después, cuando lo plasmas, ya no eres tú. Es literatura, y habrá un retorno, va en todas las direcciones.  “La clave está en desaparecer uno mismo y luego que lo que has escrito vuelva a ti; en ese punto uno se hace escritor”.

   “El tema era yo pero cuando escribía de mí mismo, yo desaparecía, perdía la noción de la identidad.”