martes, 25 de julio de 2017

Salir de una frase. El rastro de una cita de Vila-Matas


Sobre Mac y su contratiempo
Mis amigos lectores conocen mi admiración hacia Enrique Vila-Matas. Mis amigos escritores van más allá y leen con talante abnegado mis relatos “metaliterarios”, donde nunca faltan personajes con el atributo “escritor devoto de EVM”. Pero con algunos de ellos comparto admiración hasta el punto que leemos a la vez sus novelas desde hace un tiempo. Tal es así que en marzo acudimos varios a la presentación de Mac y su contratiempo, nos hicimos fotos con el autor y nos llevamos el ejemplar firmado, como no podía ser de otra manera. A los pocos días, uno de mis amigos escritores publicó un post sobre una cita del libro que le había conmovido: “Me fui de tu vida como quien se va de una frase”.

En Mac y su contratiempo, la frase se la escribe en un mail el propio Mac a Peggy, la responsable del horóscopo de su periódico favorito y que resulta ser una amiga de juventud, de un verano en S´Agaró, Juanita Lopesbaño, “y sospecho que no guarda buen recuerdo de mí”, apunta Mac Vives.

El caso es que la cita “Me fui de tu vida como quien se va de una frase” llevó a mi amigo Jorge Gamero a escribir:
“Nota y su contratiempo” Ver aquí un artículo sugerente donde se pregunta por la manera en que uno se va de una frase.

Al releer mis notas sobre la novela me di cuenta de que tenía subrayada la misma cita y apuntada la referencia: (pág. 300) de Una vida absolutamente maravillosa, una antología de los mejores ensayos de Vila-Matas, editada por Andreu Jaume.

Ahí está: El título del ensayo Se escribe para mirar cómo muere una mosca se refiere a una cita de Marguerite Duras, quien en su libro Escribir completa el siguiente párrafo:
“Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar cómo muere una mosca. Tenemos derecho a hacerlo.” Más adelante se hace suya otra cita que también va a aparecer en Mac: “Escribir es inventar saber qué escribiríamos si escribiéramos”. La anécdota parte de la observación por parte de Duras de los últimos minutos de vida de una mosca en el muro de su jardín. La mosca muere a las tres y veinte de la tarde. Ella misma anota la hora de deceso y la cita “La mosca escribe.” Cabe recordar aquí los dos años que el escritor pasó en París en su juventud, entre 1974 y 1976, instalado en una buhardilla de Marguerite Duras. “La conocí pero sin llegar a conocerla”, “No voy nunca a olvidarla, antes me olvidaría de mí”, confiesa en el artículo.
Y ahí, en epígrafe aparte aparece la cita (algo modificada):
Salí de su vida como se sale de una frase


Salí de su vida como se sale de una frase.





Una vez se le preguntó a Vila-Matas, entre un grupo de lectores, por la historia de esta cita y respondió:

De Y Pasavento ya no estaba (2008). Libro de ensayo
Me refiero a la vida de Marguerite Duras. Salí de su vida... Ignoro cómo fue, cómo se originó en mí esta breve frase que explica como me fui de la vida de alguien y al mismo tiempo cómo me voy de la frase misma. Sólo sé que de entre las mías es una de las que más me gustan y lo seguirá siendo mientras sepa salir de ella.”
EVM



martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué nos conmueve el estilo de Juan Rulfo?




Este año se celebra el Centenario del nacimiento del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), autor de Pedro Páramo (1955) o El Llano en llamas y otros cuentos (1953). El legado es ciertamente muy breve pero ha marcado una influencia de muy largo recorrido en la literatura contemporánea. Así, García Márquez lo tuvo muy presente para la concepción del famoso realismo mágico. Ambos se sintieron atraídos por el estilo y algunos motivos de William Faulkner, como la presencia de la voz de la muerte. Los tres son escritores que construyen su propio marco rural como espacio narrativo: En Comala o Luvina moran o deambulan los personajes de Rulfo, en Macondo los de García Márquez y Yoknapatawpha es el condado ficticio de la obra de Faulkner.

      Pero ¿Qué hay en el estilo de Rulfo que hace que a pesar del paso del tiempo logra conmovernos?
La RAE define “conmover”, del latín conmovēre como 1. tr. Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. U. t. c. prnl. y 2. tr. enternecer (‖ mover a ternura). María Moliner, en su diccionario de uso del español, se extiende algo más y precisa una gama de verbos de proceso como Estremecer, sacudir, causar emoción, causar alteración una escena de ternura. En ambas definiciones hallamos un sema común: la idea de un desplazamiento, aunque no físico, que provoca en nosotros una mudanza de estado.

En el cuento “Luvina”, el parroquiano bebedor describe así la ciudad:

Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca.

La desolación en paisajes y gentes está muy presente en la obra de Rulfo. En Luvina hay algo que hace que los habitantes no sonrían. Podemos imaginar sus caras “entabladas” para no sonreír, están abocados a la tristeza, al abandono, al vacío. Y en el espacio geográfico, el paisaje también es árido, estéril, seco. En la novela Pedro Páramo, Comala es un personaje más

¿Y por qué se ve esto tan triste?, pregunta el hijo de Pedro Páramo cuando ve Comala por primera vez. Sin embargo, él recuerda la visión de la llanura verde que le describió su madre antes de morir, un Comala idílico que ha desaparecido. Ahora es purgatorio y hasta infierno donde los personajes se mueven como sombras. Por encima de todo, lo que más fuerza tiene es el recuerdo. Preciado va a recordar a Comala, con los ojos de su madre, a revivir un pueblo que ya está muerto. La muerte está aceptada por todos con naturalidad.
El propio narrador muere hacia la mitad de la novela, y se convierte en otra sombra que susurra. La historia iniciada por Juan Preciado continúa en las voces colectivas que diluyen al narrador. Todos quedan atrapados en el limbo a al espera de la redención. El sentimiento de orfandad también nos conmueve, porque está en todos los personajes de la novela.

Los ecos, los murmullos, los diálogos que se abren de repente y se cierran son expresados con una gran naturalidad, con una rara resignación. Las descripciones son fragmentadas y la narración no es lineal. La memoria es un elemento que transforma la realidad. Y el lenguaje es muy poético, da en la esencia de lo que nombra. Por ejemplo, todo apunta a la sequía salvo cuando aparecen las mujeres. Únicamente en los recuerdos de las mujeres sopla un viento oloroso a limones. En la aridez inmensa basta el brote de una hoja o la mención del agua para lograr un efecto estremecedor.

...Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces.De voces, sí. Y aquí, donde el aire era escaso, se oían mejor. Se quedaban dentro de uno, pesadas. Me acordé de lo que me había dicho mi madre. «Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz». Mi madre... la viva.

domingo, 9 de julio de 2017

Prólogo para una guerra. Iván Repila

Prólogo para una guerra
Iván Repila
Barcelona, 2017
Editorial Seix Barral
Colección Biblioteca Breve
ISBN 978-84-322-2987-9


El estilo como marca








Iván Repila (Bilbao, 1978) elabora en Prólogo para una guerra, su tercera novela, una alegoría sobre la sociedad occidental contemporánea. Una sociedad urbana, habitada por individuos diversos, con intereses y recorridos distintos pero unidos muchas veces por la incomunicación y por el dolor. No aparecen las referencias espacio-tiempo. El espacio narrativo es una ciudad sin nombre, pero fácilmente reconocible como referente de la globalización. No aparece el tiempo histórico en el relato de Emil y el Mudo, pero identificamos los tiempos convulsos de principios del siglo XXI.

    Se narra la trayectoria vital de dos personajes antagónicos pero unidos por el sufrimiento y la búsqueda. Emil Zarco es un arquitecto de prestigio cuya propuesta es seleccionada para el proyecto de urbanizar un barrio periférico en su propia ciudad. De ser considerado entre los colegas como huraño y lunático se convierte en estrella de la arquitectura no sin alguna sensación de euforia y también de vértigo. Él quiere permanecer. En lo personal, su convivencia con Oona se tambalea ante la evidencia de que no pueden tener hijos. Gana la incomunicación y ella un día desaparece. 

     El Mudo es el personaje antagónico. Él quiere desaparecer. Se ha impuesto el silencio para acallar su dolor. Vive con un perro sin nombre y una chica llamada Hache. Representan el otro extremo de la ciudad, donde habitan los desposeídos, los anónimos. Un día el Mudo ve a Oona  “Una mañana la vio”, le recuerda a su mujer y decide seguirla por la ciudad.  

    La narración es bimembre en la forma y en el fondo. Los capítulos de ambas tramas se alternan en una estructura paralelística de doble recorrido, antagónico e inverso. Y al final, nos queda una propuesta de reflexión, una posibilidad de redención de la sociedad. Se deja entrever el triunfo de la capacidad de resistir, de luchar por tiempos menos convulsos.

    Iván Repila ha apostado por una narración alegórica, con un lenguaje cargado de metáforas, con un empeño en la selección léxica, en la búsqueda de la palabra precisa. El resultado es un plus de lenguaje poético, de gran belleza. En algunas páginas se oyen los ecos de la prosa de Jesús Carrasco en su novela Intemperie. 
El anexo de las últimas páginas resulta ser el cuaderno rojo de Emil, un poemario que recoge su intimidad. El lenguaje simbólico pretende explicar lo abstracto, expresar lo conceptual. Y Repila lo viste de metáfora. No es una apuesta fácil en la actualidad, porque un lenguaje excesivamente elaborado puede hacer que el relato pierda naturalidad. Lo cierto es que aquí, el estilo es marca de autor, que usa el lenguaje como herramienta para el conocimiento.

domingo, 2 de julio de 2017

Karl Ove Knausgård en Barcelona


Confieso aquí que el martes, 27 de junio, tuve que decidirme por uno de los eventos literarios que tenían lugar en Barcelona y lo hice por Kanausgård. Y eso a pesar de que Fernández Cubas, Aramburu y el mismo Vila-Matas, entre otros, se citaban en Casa del Llibre para celebrar la Fiesta de Seix Barral esa misma tarde de verano. Sí, me decidí por el más guapo, no lo niego. Caí en los hilos de Karl Ove y me planté en el CCCB con mi entrada en mano y un ejemplar de Tiene que llover, la quinta entrega de Mi lucha. Comprobé que muchísima gente había pensado lo mismo que yo.

    Lo presentó el periodista cultural Antonio Lozano. Destacó la valentía del autor por el alto grado de exposición vital que supone su obra. Pero también habló de la controversia que ha levantado en algunos sectores de la crítica: sobrevalorado para unos, hipnotizador para muchos. Y es que en la sala de conferencias no quedaba hueco para nadie más. “Esta sala llena es una locura para mí”, fueron sus primeras palabras. Todo empezó como un proyecto, hacer una descripción íntima de la propia vida. “Me utilicé a mí mismo” y eligió el lugar más universal, la literatura. Habló de capturar sensaciones, de mostrar su relación con personas muy concretas de su familia. Pero los temas que más me cautivaron fueron el de la timidez, el pudor y el proceso y el sentido de su escritura. Dijo que el pudor o la vergüenza ejercen como mecanismos de represión para uno mismo. “Soy tímido pero cuando escribo, mi obra lo que intenta es huir del pudor”.

Destaca su estilo por una negación absoluta del artificio, como modo de describir el pensamiento. Con gran seguridad afirmó: “No me interesan las palabras”. No hay pues, selección léxica, ni metáforas, ni recursos expresivos más allá de la naturalidad. La voz de la traductora de la conferencia repitió algunas veces la expresión catalana “tal com raja”; esto es, escribir “tal como suena, tal como sale”, sin artificio ni elaboración del lenguaje literario. Escribir es entrar (apunté entre mis notas), adentrarte en ti mismo, hacer una voz y después, cuando lo plasmas, ya no eres tú. Es literatura, y habrá un retorno, va en todas las direcciones.  “La clave está en desaparecer uno mismo y luego que lo que has escrito vuelva a ti; en ese punto uno se hace escritor”.

   “El tema era yo pero cuando escribía de mí mismo, yo desaparecía, perdía la noción de la identidad.”