martes, 23 de diciembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (7) El legado

                                                       Miércoles, 17 de diciembre 2014


Ha entrado Andreu Jaume. Estamos de nuevo en el Aula 1, la sala de origen. ¡Ay!, camisa blanca con americana de rayas blancas sobre fondo negro. Como en un ritual no pactado, tras un amago de tos, poco a poco se hace el silencio. Buenas tardes. Hemos llegado a la última sesión y el ponente da las gracias al público por su asistencia. Es casi un acto de disidencia, de valentía, dice, el sacar tiempo de nuestras ajetreadas vidas para dedicarlo al acto de pensar, a volver a las cosas esenciales. Y el tono va creciendo en intensidad cuando dice con voz grave:

“El pensamiento es más vulnerable que la libertad. 
El arte es la forma más alta de atención al mundo.”

Nos avanza entonces que nos ha traído un regalo de navidad: una reflexión sobre la importancia de las Humanidades, pero lo deja para el final.

Y comienza una disertación sobre el legado del autor inglés, a partir de su contemporáneo, Ben Jonson, pasando por el Romanticismo, período donde creció un proceso de extrañamiento que revolucionó la conciencia humana, hasta el siglo XX. El ponente desgrana las influencias del autor sobre la poesía, el teatro y también la novela: Wilde, Eliot, James, Proust, Melville, Joyce, Auden, Coeetze, Roth, Bolaño,…y en nuestros días, nos habla de un autor, Gonzalo Torné, cuyas novelas nos recomienda Hilos de sangre, Divorcio en el aire.


Y se cierra el ciclo de lecturas sobre Shakespeare con la lectura de un fragmento del discurso, publicado recientemente, de David Foster Wallace, que leyó ante una promoción de graduados en Humanidades: Esto es agua. Random House. Se trata de una honda reflexión sobre los actos humanos, sobre el acto de pensar, distinto del acto de opinar y distinto del acto de hablar. Pensar es algo más complejo, un acto de mayor responsabilidad.

Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: Esto es agua. Esto es agua. Esto es agua.
DFW

Cuando ustedes vuelvan a Shakespeare, verán que es una invitación a pensar. Ese debe ser el sentido final de toda disciplina artística.
Aplausos.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Generación SUBWAY


o el tiempo del desconcierto 

Muchas veces concibo el momento que nos ha tocado vivir como el tiempo del desconcierto, detenidos en una evolución tecnológica permanente, que no frena nunca, pero nos mantiene alerta en la incertidumbre. Vivimos entre dos siglos y todas las certezas que hicimos nuestras en una suerte de adscripción cultural más o menos firme han caído en el siglo XXI. Nuestra identidad cultural casi se quedó allí, pero no nos resistimos a reinventarla para este nuevo tiempo ni a volver a ella cuantas veces nos sea necesaria. Y es en ese devenir tecnológico donde la escritura se nos hace imprescindible.
En la ciudad somos seres en tránsito y en permanente búsqueda. Habitar en la ciudad es desplazarse. «Somos deslizamiento», decía un poeta. Vivimos la itinerancia constante como metáfora del lapso de tiempo necesario para que algo cambie. Y es en el tránsito, en la conjunción de ambos planos, el real y el literario, donde la utopía es la captación del instante. Es el sueño del arte, un momento de epifanía, de revelación.

«Entropía»[1] es un cuento metaliterario que narra las consecuencias que conlleva la confusión de vivir el mundo literariamente. Los lindes entre la ficción y lo real se muestran difusos para el protagonista. Y cobra relevancia el trayecto, porque es en un recorrido en metro, justo en la estación de enlace, cuando tiene lugar el encuentro de personajes y el paso de lo real a lo literario. Los personajes intercambian también sus roles: la narradora queda atrapada en las redes de la ficción y se convierte en personaje literario.




Editorial Playa de Ákaba
[1] Medida de la incertidumbre ante un conjunto de mensajes. Medida del desorden de un sistema.



CCCB Lecturas sobre Shakespeare (6): The Winter´s Tale

Miércoles, 10 de diciembre 2014. 

Nuevo espacio, blanco aséptico y demasiada luz. Se hace el silencio.
Buenas tardes. Hoy terminamos con un cuento, con una fábula. El propio Andreu Jaume ha mirado hacia los focos (excesivos) al entrar y ha arrugado la nariz. Cuento de invierno (1611) corresponde a la denominación de “romances”, creada para aislar una serie de obras muy singulares, del último periodo creativo de Shakespeare. Es un híbrido entre comedia, tragedia y alegoría. Es también una fábula y una aproximación al mito. Pero es ante todo la muestra del estilo tardío, el estilo intenso que coincide con el final de su vida.

Apunta el profesor que la obra contiene muchas referencias al trasfondo político de la época (reinado de Jacobo I), pero que debemos acercarnos a Cuento de invierno con inocencia, para tratar de encontrar nuestra lectura. Es una historia fantástica para ser contada alrededor del fuego, en invierno. Es un cuento de muertos, de reencuentros, de amor, de celos con elementos trágicos y con ecos de la comedia pastoril. Pero de nuevo Shakespeare va más allá y revela, implicaciones psicológicas sobre la condición humana.
Vuelve el juego de parejas, de dobles y vuelven los celos: Leontes, rey de Sicilia casado con Hermione, sospecha que su amigo Polixenes le ha traicinado y que es suyo el hijo que espera su esposa. El rey ordena a Camilo asesinar a Polixenes, pero este se niega, se resiste a cumplir esta orden y abandona la corte. El bien puede funcionar como acto de gracia. Leontes ordena separar a Hermione de su hijo Mamilio, el heredero, y condena a la madre a ser encarcelada por alta traición. En prisión nace una niña a la que el rey repudia y es abandonada.
Los celos han desencadenado la tragedia: las muertes de Mamilio, el hijo de los reyes y después de la propia reina, Hermione. Pero la trama pasa entonces por otras vicisitudes que la convierten en una comedia pastoril para terminar en una comedia de reencuentros, de arrepentimientos.

A partir del acto IV, con el parlamento del tiempo, que cumple la función narrativa de hacer avanzar la obra: “Yo soy el Tiempo”, Shakespeare nos deja su interpretación de la trascendencia y sus reflexiones sobre el comportamiento humano, sobre el arte, la naturaleza y el amor. “Estamos hechos de tiempo, es nuestro medio, es nuestra agua”.
Perdita, la niña abandonada, tiene ya 16 años y vive con un pastor. Conoce en el bosque a Florisel y se enamoran. Son los jóvenes amantes, el principio del mundo, un amor que está descrito con gran belleza.

En el acto V, Paulina (la dama de la reina) custodia una estatua tras una cortina, una obra de arte. Es la escena culminante de la obra. Ante Leontes, la estatua de Hermione presenta su actitud natural pero con los años pasados, más envejecida.

“Tocad música, despertadla. Ya es tiempo. Desciende. Deja de ser de piedra”

En el descenso, la estatua cobra vida gracias al arte, a la música, a la poesía y al teatro. Es la celebración del amor solo humano.
La lectura de Jaume Andreu termina con una reflexión sobre nuestra capacidad para leer y contemplar el arte. Ahí se esconde para Shakespeare la esencia de nuestra condición.  “Somos mucho más que razón. Lo sagrado ha transmutado en poesía, en arte. No hay otros mundos, por eso hemos de aprender a vivir en este”.

Aplausos.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Reseña del escritor Jorge Gamero sobre CIUDAD DE SOMBRAS


Ciudad de sombras, de Herminia Meoro

Ciudad de sombras
Herminia Meoro
Barcelona, 1ª edición de 2014
Editorial Playa de Ákaba S.L.
ISBN epub: 978-84-941451-8 -6

         Este extraordinario libro de relatos, seis concretamente, gira en torno a dos ejes muy marcados. Uno es el espacio, Barcelona, y el otro; la muerte, el temor a ella, su vivencia. Los personajes, excepto un taxista llamado Mario compartido en varios cuentos, son distintos para cada uno de ellos pero Herminia Meoro consigue que Barcelona como espacio, y este es uno de los grandes méritos del libro; sea un personaje en si misma, la ciudad como motor creativo. Así, Ciudad de sombras, vivifica Barcelona, especialmente el barrio de l’ Eixample, y siendo un libro lleno de luces narrativas, se convierte de paso, aunque esto quizás solo sea un capricho mío, en un proyecto de gran novela sobre nuestra ciudad. Los personajes se mueven, excepto en Historias del Evelyne,por la Barcelona de este nuevo siglo XXI, y lo hacen en movimiento, ya sea paseando, en coche o, sobe todo, en moto.

http://gamerojorge.blogspot.com.es/2014/12/ciudad-de-sombras-de-herminia-meoro.html

jueves, 4 de diciembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (5): The Rape of Lucretia



                                                     
 Miércoles, 3 de diciembre 2014. “¡Qué sublimidad!”

Desde el Mirador del CCCB, la ciudad nos envuelve ya nocturna, y es que hoy nos acoge una sala con paredes de color burdeos, suelo de tarima anaranjado y una disposición del público a modo de platea ante la franja acristalada que rodea todo el espacio. Me siento en primera fila, aunque en uno de los extremos, porque sé que me perderé en estas nubes de azoteas. Pero eso no es todo, lo sublime se presenta doblemente: alguien me pregunta si está libre la silla de mi derecha, levanto la vista y ahí está el chico de la camiseta con su pequeña libreta y una gran sonrisa. A veces la ocasión o la fortuna, la Tiké griega, se presenta sin avisar.

Andreu Jaume llega cargado con maletín de piel y con abrigo holgado. Parece cansado y su voz impulsa un carraspeo que el micrófono amplifica de repente.

¡Qué sublimidad! Hoy nos han elevado junto con la lírica.

Se hace el silencio y el eco de la sala lo recoge. La violación de Lucrecia es el segundo poema narrativo de Shakespeare (el anterior, Venus y Adonis, indaga la cuestión amorosa del canon petrarquista). Aquí  Shakespeare explora, ante todo, la brutalidad del deseo, la destrucción de la que es capaz. Está basado en un texto clásico, los Fasti, de Ovidio, que narran un episodio de la historia de Roma. Los caudillos Tarquino y Colatino hablan y rivalizan sobre la fidelidad de sus esposas. De vuelta a casa, el primero sorprende a su mujer en celebración, mientras que Colatino encuentra a Lucrecia, su bella esposa,  hilando castamente. Tarquino se enamora de Lucrecia, decide dar rienda suelta a su deseo y la viola. Ella avisa a su padre y a su marido, les pide venganza y se suicida.

Pero Shakespeare no se queda con el simplismo de la trama original sino que amplia y adensa la historia a través de la duda y la complejidad de la condición humana. Los personajes entran en conflicto consigo mismos, están dotados de conciencia y dudan de sus propósitos. Tras la violación, Tarquino describe el asco que siente de sí mismo, algo impensable en Ovidio.
De nuevo el silencio, y de pronto, la voz actoral de Andreu Jaume lee (interpreta) una escena descriptiva. Y lo hace en inglés y yo me elevo y me detengo a mirar la luna, que quiere mostrarse sobre una torre de Ciutat vella. Silencios intermitentes. Lucrecia decide al fin poner fin a su vida y pronuncia:

“En cuanto a mí, de mi hado soy la dueña” / “For me, I am the mistress of my fate”

Este verso cifra la modernidad de Shakespeare. Logra crear una nueva luz sobre el sufrimiento humano. Los personajes, como los seres humanos, están hechos de conciencia e incertidumbre.

Muchas gracias.
Aplausos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Y nadie puede quitarme de la mente el triste soñar. Hölderlin




El hotel se sitúa de forma perpendicular al muelle. Su fachada es de vidrio reflectante, lo que le permite cambiar de color en función de la hora del día y de la intensidad de la luz que lo envuelve. Así, nos puede resultar agrisado en mañanas despejadas, o ahumado entre la niebla del amanecer y otras veces, bebe del azul metálico del mar, en plena calima.

Tras los primeros momentos de desconcierto y la aplicación del protocolo, el cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense para la realización de la autopsia. La policía ha abierto una investigación para aclarar las circunstancias del suceso. En los días posteriores dos testigos son requeridos y firman sendas declaraciones sobre lo acaecido en el hotel el pasado viernes.
En el conjunto arquitectónico, el volumen con forma de vela cuyo exterior refleja el cielo y el Mediterráneo se inserta en otro edificio de baja altura que forma el atrio, un espacio en forma de cubo acristalado con distintos niveles.Desde la terraza del restaurante ubicado en la segunda planta del atrio, se puede observar la ciudad al fondo y la silueta iluminada del paseo marítimo. A la hora del más temprano anochecer era el instante justo en que se encienden las luces que trazan su perfil. A Julia las vistas de la ciudad le resultaron perturbadoras, quizá porque se sentía muy mareada y se acercó demasiado a la línea de la baranda metalizada. Hasta allí subían el sonido de las voces y el tintineo de vasos. Era el bullicio del bar de la playa con el latido de otras vidas. 
Julia llevaba el pelo suelto y vestía un caftán largo en tono salmón con pedrería a juego con el bolso. La luz se hizo más hermosa y siniestra y algo ocurrió de repente cuando todo aquello que había escrito sobre la vida detenida empezaba a interrelacionarse. El golpe seco de una mano en su espalda y el traqueteo de sus tacones sobre las baldosas de la terraza la descolocó y salió precipitada.


lunes, 24 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (4): Othello, The Moor of Venice.

Miércoles, 19 de noviembre 2014.

“Hoy vamos a sufrir todos una gran convulsión trágica”. La voz modulada de Andreu Jaume solapa todas las voces que hasta hace un segundo murmuraban en el aula. Buenas tardes. Y el silencio se hace absoluto. He subido las escaleras con ritmo apresurado, como si se me hiciera tarde para llegar al teatro y es que estas lecturas están cargadas de interpretación, de gestualidad.
Entramos en el gran periodo trágico de Shakespeare, quien entre los 40 y los 45 años compuso el grueso de las grandes tragedias, de Hamlet hasta El rey Lear. Jaume afirma que puede deducirse aquí una experiencia íntima, la de alguien que empieza a entrar en la madurez y, de repente declama íntegro y de memoria el poema de Gil de Biedma, “No volveré a ser joven”, sobre el paso del tiempo. Lo hace para ilustrar e insistir en la modernidad de Shakespeare, quien toma conciencia, al igual que Hamlet, de que “…envejecer, morir..., es el único argumento de la obra”.

Othello es una de las obras que más ha calado en el imaginario común, pero presenta una complejidad que no aparece en las adaptaciones. Es más que una obra sobre los celos. En la tragedia es donde se descubre el problema humano en su soledad, sin dioses. Ha desaparecido el castigo divino y el mal, generado por el odio y la ambición desmedida, revierte sobre los hombres. Son los únicos responsables. El peso de la obra recae en Yago y no en el propio Otelo. Son personajes antagónicos que representan el contraste entre la magia y la razón. Yago es el pragmático, el cínico, el descreído. Y al fin lleva a cabo su propósito de poner a Otelo en contra de su joven esposa, Desdémona.

La decisión de Yago es un acto gratuito. El ponente reflexiona aquí sobre la banalidad del mal y define a Yago como la inversión del santo. “Yo no soy el que soy”, se autorretrata el personaje en su hipocresía. Yago es el ser que rechaza el ser. Es el autor de la tragedia, quien escribe el guion y decide lo que va a ocurrir. Inocula en Otelo la semilla de la duda, tan solo una mínima duda sobre su mujer va a desencadenar toda la tragedia. Desata la inseguridad latente de Otelo.
Desdémona se enamora de un proyecto de vida, de la idealización de Otelo, de sus aventuras, de sus leyendas. Busca la sublimación del amor paterno; y, a su vez, él busca la consagración de lo filial, lo virginal. (Es, sin duda un proceso de enamoramiento muy común en la modernidad).
La escena final es una escena de sacrifico que recuerda a la tragedia clásica. Desdémona sabe que va a morir y alcanza una idea del bien que es del todo incorruptible. Es imbatible, como lo es la del mal o el odio.  Esa es la grandeza de la obra: el bien también forma parte de la condición humana.  El ponente lee las últimas escenas: "Esta es la causa, alma mía"...
Aplausos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Roberto Palacios y Adrián Báez

Roberto Palacios, Bebo para casi todos, es escritor. Imparte clases de creación literaria en un taller del Raval bastante reconocido, participa en seminarios, acude a presentaciones y administra un blog donde publica buena parte de sus crónicas con un estilo original. De vez en cuando también escribe alguna reseña de las novelas que se editan, si así le apetece. 

Bebo consigue mantener alto su perfil en las redes sociales. Su círculo de amigos escritores lo valoran por su honestidad y su rigor a la hora de reseñar. Los artículos que firmaba en prensa ya eran en otros tiempos verdaderos referentes para quienes, como yo, estábamos empezando. Puedo confirmar, porque lo sigo desde hace años, que es un escritor muy respetado, de aquellos que no caen en la trampa de la alabanza fácil, ni de la impostura, aunque esto le ha supuesto a veces problemas para publicar y alguna que otra enemistad. A pesar del tabaco, Bebo tiene un aspecto jovial, o por lo menos así es como se ve ante el espejo, un cincuentón atractivo que viste camisetas negras y vaqueros, calza siempre botas de cuero, y luce melena ochentera, a veces recogida en una cola. Esto lo sé porque así es como aparece en las fotos de cabecera de su blog.

Adrián Báez es otro tipo de escritor, es de aquellos que ofrecen al público lo que quiere leer, lo que le entretiene. Es el ejemplo de autor prolijo que fabrica en serie sus novelas y ha conseguido profesionalizarse y alcanzar verdadero éxito. También es activo en las redes aunque delega en la editorial las actualizaciones y su perfil es algo más edulcorado y artificial.
Adrián Báez es un escritor de renombre también en el extranjero. Sus novelas de misterio se han traducido a varios idiomas y es consciente de que hoy en día hay que tener presencia mediática y publicar a un ritmo frenético. Ha llegado a presentar en un año hasta cinco novelas, con esta prosa que se impone ahora de párrafos breves y frases muy muy cortas, en los que, paradójicamente, acontecen tramas muy complejas y también demasiado previsibles. El éxito de Adrián también le alcanza para la vida familiar. Casado con Dora Sanz, forman una pareja muy compenetrada, o al menos, así lo creía él. Son padres de Julia, una hermosa y lánguida estudiante de Humanidades, a quien no le gustan nada las novelas que escribe su padre, le reprocha que se haya vendido al mercado y que se aparte de la literatura de verdad. 
Bebo y Adrián son amigos desde los viejos tiempos de la facultad, donde estudiaban ambos Filosofía. Compartieron lecturas, novias, días de estudio y muchas tardes en la cantina  del viejo patio de letras. Yo lo sé porque he leído entrevistas en las que ambos proclaman su antigua amistad, más o menos de forma decorosa.  

jueves, 13 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (3) Richard II


Miércoles, 12 de noviembre de 2014. 

Hablemos de tumbas, gusanos y epitafios.

Este es sin duda el verso que define el drama histórico Ricardo IITras este inicio tan teatral que ha dejado mudo al auditorio, caigo en la cuenta de mi coordenada espacio/ tiempo: Misma silla, misma fila delantera flanco derecho, mismo bello rostro y sin embargo, algo ha sido trastocado y se ha quebrado el círculo de misterio y de belleza. Hoy lleva gafas y no le sientan nada bien. Buenas tardes.

Ricardo II es una obra excelente, aunque se trata de uno de los dramas históricos, un género muy popular, una moda. Shakespeare sigue aprendiendo y nos deja asistir a ese proceso de aprendizaje. Fue escrita entre 1594 y 1595. Cuenta la historia de un mal gobernante, de alguien que no sabe reinar. Comienza cuando Ricardo recibe en audiencia a Enrique (Bolingbroke), primo de Ricardo y a Mowbray, a quien el primero acusa de conspirar contra el rey. Thomas Mowbray lo niega y se convoca un duelo. De nuevo Shakespeare se concentra en la relación del poder con sus súbditos.

Ricardo no puede reinar porque descubre su conciencia, la duda, la reflexión, la melancolía. Es un rey muy triste.

Al final del acto tercero un jardinero construye una alegoría sobre el gobierno de los estados en relación con el cuidado de las flores. El estado es una máquina donde todos se destruyen. Es una obra repleta de reflexiones sobre el poder, de largos monólogos donde se anticipa el espíritu de Hamlet.
Andreu Jaume confiesa que lo que le emociona en esta obra es la presencia ya de una vibración que es únicamente shakesperiana en alguno de sus monólogos. Por ejemplo en el largo monólogo en que Ricardo II se ve acorralado por Bolingbroke, cuando el rey parece un monarca cobarde, que se desmorona y revierte la atención sobre sí mismo, sobre el hombre que sufre bajo la corona. Habla de dolor, de su mortalidad. Destruye así la imagen sagrada del monarca. Cuando Ricardo abdica la corona, el rey es una conciencia que trabaja. Es de nuevo un viaje a lo que constituye la naturaleza del ser humano. Es capaz de anticipar el concepto de la NADA, que años después pronunciará Cordelia en El rey Lear (1605) o la respuesta de Timón de Atenas (1607): “La nada me lo dará todo”.
En el monólogo final, justo antes de morir, Ricardo sigue dando vueltas al problema de la conciencia y su tiempo interno. 

Si somos capaces de vivir sin la asistencia de los dioses, ¿qué significa la nada?

Aplausos.


domingo, 9 de noviembre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (2): The Merchant of Venice


Miércoles, 5 de noviembre de 2014. 
Había entrado noviembre sigilosamente y hoy, de repente, nos ha traído el frío. Han llegado el otoño y las ganas de volver a escuchar a Andreu Jaume. Y así, como si en esta sala no hubiera nadie más, abre la sesión con un: Volvemos a nuestra intimidad. Buen comienzo.

Y volvemos a lecturas como esta de El Mercader de Venecia, comedia de 1597. Shakespeare ya dominaba por entonces el dialecto cómico y la capacidad de mezclar distintos mensajesLa obra esconde altas reflexiones sobre la justicia, el riesgo y de nuevo hallamos el proceso de averiguación acerca de la condición humana.

Parece que hoy el público de la sala ha rejuvenecido, o por lo menos, a mí me lo parece así. Acaso lo que ocurre es que yo voy envejeciendo. Pero es que a mi derecha, en la fila de sillas anterior a la mía, me he topado al volver la vista de manera distraída con un joven muy atractivo, de perfil casi clásico, bello, pelo rizado, ojos atrapados en espesas pestañas. Y lleva, extrañamente, una camiseta blanca. Ese detalle me parece un prodigio porque ya empieza a preocuparme la moda de las camisetas negras para hombres de todas las edades y en todo tipo de eventos.

Antonio es mercader en la Venecia de la época, puerto principal del comercio naval. Pide dinero prestado a Shylock, el judío vilipendiado, para ayudar a su amigo Bassanio a competir con los pretendientes de Porcia. Le obliga a firmar que si no paga la deuda en el tiempo señalado, el usurero se cobrará con una libra de carne del cuerpo de Antonio. Shylock se justifica con el famoso monólogo “Si nos pincháis, ¿no sangramos?..” Ha sido muchas veces mal interpretado. Los judíos en la Inglaterra isabelina pertenecían al imaginario colectivo. El ponente nos advierte sobre la lectura de la obra como lectores del siglo XX que somos.
Planea de nuevo la sombra de Christopher Marlowe (1564-1593) y su obra El judío de Malta, que presenta algunas similitudes con El Mercader de Venecia. Shakespeare vuelve a escribir contra el modelo de Marlowe, pero aquí quizás consigue superarlo. Shylock ha escapado de la obra para calar en el imaginario colectivo. Es, ante todo, un usurero, pero se permite un gesto de nobleza, de ternura, de amor hacia la madre de su hija (Lea).
Aparece el juego hiperbólico de las comedias. Porcia se lamenta de que su padre, al morir, dejase tres cofres cerrados (uno de oro, otro de plata y un tercero de plomo) y una adivinanza como prueba para ganarse a su hija. Y en el proceso para hallar pretendiente acaba siendo Bassanio quien elige bien, escoge el cofre de plomo por su sencillez. (“La nada me lo dará todo”)
Portia and the Merchant
Thomas Sully
. Cincinnati Art Museum
A Shakespeare le importa la tormenta humana y no la verosimilitud. Juega con el proceso de averiguación. Se matiza una idea del amor fuera del decorado de estuco del amor cortés. Este amor es una de las formas que, una vez despojado de lo sagrado, nos da pie para averiguar algo más de la condición humana. Aquí explora la condición del extraño a una comunidad, el rechazado. El final de la obra se resuelve con la confusión de identidades y la restauración del orden establecido. Porcia, disfrazada de juez, sentencia sobre Shylock, quien, desesperado y lleno de odio, reclama la libra de carne.
El joven de la camiseta blanca y espesas pestañas ha escuchado absorto toda la sesión. Tal vez más atento que yo misma.


“El mundo es solo un teatro donde cada cual ha de representar su papel”

martes, 4 de noviembre de 2014

El libro que le gustó a Luis Landero

El 7 de noviembre de 2013, el escritor Luis Landero acudió al Café Comercial de Madrid. Y lo hizo esa tarde para participar en la presentación de un libro de relatos editado por Gramática Parda. Le movió únicamente la pasión por la lectura y el deseo de acompañar al autor, quien intenta hacerse con un espacio en el territorio de la literatura. 

El título, Las tres caras de la moneda. 
El autor, Jorge Gamero.

El libro está estructurado en tres bloques (o caras de moneda), compuesto cada uno de ellos por ocho relatos. Entre las claves de lectura de esta colección de cuentos literarios podemos apuntar:

×      La propia ejecución de los mecanismos de la ficción, para asirse uno a la escritura como tabla de salvación, como refugio ante la intemperie. Son temas que laten en la primera parte, la más autorreferencial, titulada “Gajes del Oficio”,
×  El proceso creativo como pasión, como obsesión por escribir y por sentir en esa “literatura de los sentidos” que se pasea por las páginas, equiparada a la erótica. La pulsión de amor y placer aparece en el segundo bloque del libro, “El amor y sus (D)efectos.”
×    La relación entre vida y literatura. Dualidad, confusión de ambos planos. Una relación que consiste en la conversión de la vida en texto, el paso de la historia cotidiana a trama.


A Luis Landero le gustó el libro. Aquella tarde en el Comercial lo definió como “libro casa, libro hospitalario, lleno de habitaciones donde puedes entrar, salir, subir, bajar”. Y es que se trata de un libro heterogéneo donde conviven relatos breves, algunos muy breves, (unos son pura elipsis, otros son juegos literarios o experimentos narrativos). Aparece también el cuaderno, el diario y la autoficción. En los microrrelatos, por ejemplo, la elipsis se hace protagonista, es como si se ocultara el resto del cuento, que debemos prefigurar en nuestra imaginación.
El cuento que lleva por título, “Reciclaje”, es un divertido e interesante juego de espejos. Se logra crear una historia con los títulos de obras literarias, que van engarzados de manera se urde una trama, un relato compatible semánticamente.

Trató a caballeros de fortuna incalculable, aprendió a recitar la biblia en arameo, se deshizo de la celestina tras conocer el amor en los tiempos del cólera, cuando en las últimas tardes con Teresa, una amante esporádica en el camino, ardiera de pasión y enajenación sexual.”

En apenas cuatro líneas, aparecen escondidos seis títulos literarios encadenados. El protagonista, Eduardo Torres, enfermo del mal de Montano (patología inventada por Enrique Vila-Matas) sufre una metamorfosis de lector a libro. Al fin quedará lo que somos los lectores: las cenizas de los libros que hemos leído. 116 títulos han sido reciclados.
El autor se permite otros juegos con la voz que narra, por ejemplo en el relato titulado “Comunicación”. Se trata de un cuento experimental, un juego literario que sugiere el concepto de G. Perec. Recopilación de anuncios de contactos que van hilvanándose a modo de rompecabezas o puzle de las relaciones humanas. El azar y tu intuición dotan de sentido al relato. El último anuncio cierra el texto con el efecto sorpresa. Es el anuncio de un escritor. Se plantea una relación de oferta de contacto escritor/editor.
En la otra cara de la moneda, el segundo bloque de relatos, “Del amor y sus (D)efectos”, la pasión por la escritura deja paso a la pasión erótica. Predomina aquí el placer de los sentidos, el sexo, el amor y, de nuevo la autorreferencia. En “La Giganta”, vuelve la mujer como motor imaginativo. El ritmo va in crescendo, el registro atrapa y dota de verosimilitud a los personajes. El protagonista aparece cada vez más encogido ante ella. No logra satisfacerla, se va empequeñeciendo a su lado. La giganta se hace cíclope, ninfa pantagruélica. Asoma un guiño al dinosaurio de Monterroso. “Cuando desperté, la giganta aún seguía allí”. García, el narrador, alude al “mal de Montano”, como pasión desmedida por la literatura, la obsesión que lleva a vivirlo todo literariamente.
El último bloque, "Y otros asuntos pendientes", se abre con una dedicatoria a “los locos, perdedores y amateurs del mundo” Se trata de la cara de la moneda de la injusticia social, de la indiferencia, de la crisis económica que todo lo ha cambiado. “El detective Farol” es el relato más largo de toda la antología. Se trata de una pieza con tintes de género negro, pero también de breve novela picaresca. El narrador en tercera no es objetivo, y  se muestra bien caracterizado por su manera de hablar. Duda algunas veces, y esto lo convierte en una voz muy verosímil.

A pesar de la heterogeneidad del libro, predomina una gran capacidad de sugerencias y, por encima de todo, está el runrún que recorre las páginas, pieza a pieza de este mosaico (o como dijo Landero esos “cachivaches narrativos, artefactos, cositas narrativas”). Ese runrún es el tono, un tono limpio y luminoso, un ruido que se hace conocido, una entonación que logra dar sentido unitario. Es una música que evoca dudas, pero a la vez, complacencia, veneración por la escritura, melancolía, pero con trazos de serenidad y alegría. Muchas veces, eso es lo difícil de conseguir y es lo que se parece más a la voz propia, al estilo literario.

jueves, 23 de octubre de 2014

CCCB Lecturas sobre Shakespeare (1): As you like it


Miércoles, 22 de octubre de 2014. Vuelvo al aula 1 del CCCB. Esta vez a unas sesiones sobre William Shakespeare a cargo del editor y crítico literario, Andreu Jaume. Mis pies reconocen la sala y se detienen un momento para escanear la disposición de las sillas que quedan libres. También reconozco al público, igual de mayor y femenino que en la primavera pasada. ¿Qué se le va a hacer? La cultura como ocio para los que, ya libres de la carga laboral, hallan en estos cursos un aliciente acorde con su formación.  Tomo asiento en la segunda fila, algo inusual en mí, ya sé. Entra Andreu Jaume y al momento disipo las dudas sobre mi elección de silla. Es muy guapo y elegante, pero además habla con una voz actoral y seductora. La cadencia de las frases parecer estar perfectamente pautada.


As you like it, (A vuestro gusto) ofrece la visión de Shakespeare sobre la condición humana y, en especial, sobre las relaciones amorosas. Se trata de una alta comedia, de las tardías (1599). Considerada por la crítica  una de las comedias más maduras y donde se aprecia la evolución del autor. Shakespeare demuestra todo el virtuosismo del que es capaz, pero también podemos observar cómo aprende, cómo ensaya distintas voces e incorpora muchos de los rasgos de la convención pastoril.  Y es que As you like it trata del asunto del amor, del amor cortés. También asoma el tema del doble, de la oposición de contrarios y la confusión de identidades.
La comedia resulta una exploración de la condición humana a través de la experiencia del proceso del enamoramiento. El amor es el único motor que transforma la visión del mundo. También es una obra sobre la experiencia de la bondad y su capacidad de transformar a las personas.

La trama es muy compleja, con los típicos malentendidos, y se inicia con la perturbación del orden establecido, con la usurpación del poder y la huída del príncipe depuesto al bosque de Arden. Este lugar imaginario es el trasunto del locus amoenus y sirve como marco de reflexión para una revisión de las relaciones entre la naturaleza y el ser humano. Se dan cita las parejas de contrarios: corte/bosque, ciudad /campo, civilización/lo salvaje. Pero aquí se abre paso una nueva visión del mundo desprovista de todo elemento religioso o mitológico. En el bosque de Arden solo hay humanos que deben cazar para comer, no es edénico, hace frío.
El amor entre Orlando y Rosalinda es tan solo humano, si bien ella es la gran maga, la directora de escena. Mediante su disfraz de muchacho logra subvertir las identidades y romper los clásicos papeles de la poesía pastoril. Así, en medio de una escena dialogada arquetípica entre dos pastores irrumpe de forma inesperada Rosalinda disfrazada de muchacho (por lo que el efecto cómico es doblemente eficaz, ya que los papeles femeninos eran representados por hombres) para romper con los papeles tradicionales de la poesía clásica.


Sabemos que a Andreu Jaume le gusta mucho leer fragmentos que ilustren sus notas, y lo hace casi interpretando los papeles, con esa cadencia tan pautada y sin un solo error. Algún amago de tos, pero consigue atraer la atención del auditorio. Entonces me paro a contemplar a la primera fila a mi derecha, de mujeres en su totalidad,  que miran al lector  y todas mantienen una misma posición a modo de coreografía: el codo derecho apoyado sobre la tabla de la silla y sosteniendo con la mano la barbilla, algo meditativas, como si escucharan con los ojos, como en unos segundos de abandono, de abandono de la razón. Tal vez, soñando.

Aplausos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Juan Villoro, ¿Hay vida en la Tierra?



Editorial Anagrama
ISBN 978-84-339-9781-4

Lo vi desde el otro lado del semáforo, plantado algo más arriba del cruce de las calles de Pau Claris y Casp. Empezaba a anochecer pero pude distinguir una silueta alta, casi quijotesca, con traje oscuro y camisa clara, que hacía guardia a las puertas de la librería Laie. Era el día de la presentación de su libro, ¿Hay vida en la Tierra?, un martes de octubre en Barcelona. Era, de nuevo, Juan Villoro. Me hice el propósito firme de saludarle en cuanto el semáforo cambiase al verde y yo cruzara la calle, pero justo cuando eso iba a ocurrir, se le acercaron dos mujeres y se sumaron a su silueta con afectuosos saludos. No me moví, esperé un nuevo turno en el cruce con la esperanza de que lo dejasen de nuevo solo para saludarle sin quedarme parada apremiando para que las conversaciones se acaben.


Pero aquella charla no se acababa nunca y decidí entrar a la librería como de soslayo. Todos esperaban al escritor, casi ya no había un sitio libre. Allí estaba el editor Jorge Herralde, comentando algo a Rodrigo Fresán, el escritor-presentador del acto. También se dejó ver el crítico Ignacio Echevarría, que merodeaba entre los libros hasta que alguien le dijo que tenía una silla para él.

Villoro entró en el recinto sin dejar de saludar y lanzar cariñosas palabras a quien le esperaba dentro. Yo esperaba al escritor también pero sabía que volvería a encontrarme con el profesor de creación literaria. Y así fue. Su acento mexicano se había intensificado, pero se mantiene intacto el ritmo tan acogedor de su manera de hablar. Luego me dijo que hace algún tiempo que vive de nuevo en México. La cadencia de su voz lo delataba.

El libro ¿Hay vida en la Tierra? recoge cien artículos periodísticos, columnas con cuerpo narrativo, a la manera de los “articuentos” de Millás, a quien nombra entre sus influencias, junto a Jorge Ibargüengoitia Se trata de textos publicados en la prensa durante 16 años en medios como La jornada Semanal, Letras Libres o el periódico Reforma.
Dijo que en lugar de crear cuentos, los ha buscado en la vida ordinaria, en esa que “pasa como un rumor de fondo”.  Dijo que lo que había intentado era “narrar la vida privada de los acontecimientos públicos”. 

Apuntó que en estos artículos mezcla realidades “con la mirada de fabulador”. Habló del misterio del número 100 y de lo que tiene de obra acabada, de círculo cerrado. Dijo que la brevedad significa esconder, ocultar, condensar, no suprimir, aludir a algo que está escondido. Que Augusto Monterroso esconde el resto del cuento del dinosaurio, que debemos prefigurar en nuestra imaginación, hasta concluir en las siete palabras. Habló de la otra historia, la que debemos desentrañar.

¿Qué sucede cuando sucede lo que leemos? 

jueves, 9 de octubre de 2014

Barcelona, 1939





Eduardo, con nueve años, es el mayor de los tres, porque también estaba su hermana Marta, de cuatro, pero ella dormía todavía en el cuarto de la madre, en un colchón muy pequeño, junto a la cama. Pedro tiene seis, pero como es chico, siempre anda bajo el cuidado del hermano mayor. Cada mañana, los dos hacen todos los recados que mamá dispone: lavarse la cara y arreglar el cuarto, girar el calzón si se ha ensuciado, vestirse el pantalón corto con un tirante cruzado sobre la camisa raída o en la chaquetilla de calle, poner la leche en el jarro grande de la alacena. Pedro era el primero en bajar a la calle, doblaba a la derecha y corría empiedres arriba para llegar antes y así guardar la cola del suministro. Él ocupaba su turno en la fila, aunque a veces lo apartaban de un manotazo. Volvía a colocarse unos puestos más atrás y comprimía los puños por detrás de la espalda con toda la rabia contenida en el apretar de dientes. Una y otra vez volvía su cabeza para ver si su hermano, el tete Eduardo, asomaba por la esquina del chaflán. Los dos llevaban sus papeles de estraza y el mayor la caja de madera para las colillas, pero hoy aún no habían tenido suerte. Pedro ha recogido apenas tres y bastante apuradas. Seguro que el tete, que viene más despacio porque se detiene a cada paso a recoger mientras Periquito guarda su sitio en la cola, ya trae bastantes. Eran para el padre.

lunes, 6 de octubre de 2014

La presentación



JORGE GAMERO, LAS TRES CARAS DE LA MONEDA
Editorial Gramática Parda
Colección Gramática Narrativa

El grupo de escritores de El Laberinto de Ariadna con sede en la quinta planta de l'Ateneu Barcelonès, acoge la presentación del libro a cargo de su coordinadora, María de Luis, de la profesora y escritora Herminia Meoro y del propio autor, Jorge Gamero. Viernes, 31 de octubre 2014, a las 18 horas.
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Hace unos días, el escritor Jordi Gamero pensó en mí para que le acompañara en el acto de presentación en Barcelona de su libro de relatos, Las tres caras de la moneda. En Madrid la presentación corrió a cargo del maestro Luis Landero y en Cornellá, de mi amigo y también escritor, Eugenio Asensio. Ante tal responsabilidad, le pedí un par de días para pensar la respuesta, pero no he logrado todavía ser muy hábil en el arte de decir que no, y menos a un amigo que confía ciegamente en mí, y menos si esa presentación tiene lugar en l´ Ateneu y menos aún si se trata de esta antología de relatos.

Uno de ellos lleva por título precisamente “La presentación”. El protagonista plantea sus dudas y se pregunta por la razón de la voluntad de escribir mientras asiste como invitado a una presentación. El texto, de apenas tres páginas, nos ilustra sobre este tipo de eventos: las presentaciones en público de un libro para su promoción. Aquí es el marco narrativo para mostrar las relaciones que se establecen en el mundo editorial.

“Después, en la presentación, sus oídos han agradecido la ruptura de algunos guiones al uso, cuatro verdades y cuatro ingeniosas bromas, debe reconocerlo, estratégicamente incrustadas en el elevado discurso del editor, que echa mano de Hegel y Proust.(…) Las presentaciones, el editor lo sabe, no son más que un peaje. Aunque él, que también lo sabe, lo pagaría gustoso para que el editor lo presentara en sociedad (…) y no tendría más remedio que hacer su papel con cuatro lugares comunes que preservasen el cosquilleo de su vanidad recién estrenada”.

Jorge Gamero, “Las tres caras de la moneda”

viernes, 12 de septiembre de 2014

Un cuento de Onetti

«EL ÁLBUM»


UN CUENTO DE ONETTI



En los cuentos de Onetti los personajes suelen sentirse tristes, desencantados. La voz narrativa nos detalla sus emociones, sus deseos, sus pausas reflexivas y sin embargo, nos oculta deliberadamente las causas que han provocado ese estado de ánimo. Y es el sentir de los personajes lo que va a determinar el devenir de la trama.

En «El álbum» (1953) es el narrador protagonista quien ejerce de administrador del relato y demora conscientemente el desarrollo de la trama. Un domingo “húmedo y caluroso, en el principio del invierno”, aparece una mujer. El joven relator nos la presenta desde su posición inmóvil, apoyado en la puerta del diario. La ve de pronto y en movimiento de cámara, describe su avance hacia él.

«Ella venía del puerto o de la ciudad con la valija liviana de avión, envuelta en un abrigo de pieles que debía sofocarla, paso a paso contra las paredes brillosas, contra el cielo acuoso y amarillento, un poco rígida, desolada, como si me la fueran acercando el atardecer, el río, el vals resoplado en la plaza por la banda, las muchachas que giraban emparejadas alrededor de los árboles pelados.»

Resuenan los adjetivos rígida, desolada por su carga semántica. Conocemos más detalles de la misteriosa mujer de manera indirecta a través de su amigo Vázquez y aparecen más elementos de creación de atmósferas.

«Hace una semana que está en el hotel, el Plaza; vino sola, dicen que cargada de baúles. Pero toda la mañana y la tarde se las pasa con esa valijita ida y vuelta por el muelle, a toda hora, a las horas en que no llegan ni salen balsas ni lanchas.»

Esta misteriosa mujer aparece de pronto en medio de lo cotidiano, de una realidad supuestamente banal. Lo nuevo, lo que llega perturba de alguna manera el orden establecido. Y una vez presentada la mujer, el narrador desvela solo una parte de lo que sabe. O eso creemos los lectores en ese punto de la lectura.Es un rasgo del estilo de Onetti el dosificar los datos. De pronto se establece un juego de atmósferas, de creación de ambientes. Varias veces el protagonista se detiene y con él, se paraliza la acción. Es como si se tomara una pausa para la reflexión, y es desde su conciencia, como nos van llegando algunas claves. El joven protagonista se nos presenta como un escéptico, otro desencantado:

«Mientras me vestía, me acomodaba la boina y trataba de reorganizar rápidamente mi confianza en la imbecilidad del mundo, le perdoné el fracaso, estuve trabajando en un estilo de perdón que reflejara mi turbulenta experiencia, mi hastiada madurez.»

Cuando la trama ha avanzado hacia una escena en la que la mujer se sienta junto a él con una copa en la mano y entablan una conversación, resulta que ya se conocían. El relator nos ha ocultado gran parte del acontecer, el lector se siente perdido. Pero de pronto lo confiesa,  y vuelve atrás en el tiempo narrativo con el recurso del «prólogo».

«Pero todo esto es un prólogo, porque la verdadera historia sólo empezó una semana después».

Se trata de dosificar la resolución aunque para ello nos anticipe un hecho que aún no debía de ocurrir. Y todavía vuelve a utilizar esta técnica en otra de las etapas de la narración:  

«La verdadera historia empezó un anochecer helado, cuando oíamos llover y cada uno estaba inmóvil y encogido, olvidado del otro.»

La relación entre ellos se nos desvela entonces como misteriosa. El adolescente busca escuchar a mujer. Ella es quien guarda todas las experiencias, los viajes, la aventura. El amor es solo un deseo, «el hambre». La quiere como relatora de cuentos. «Escucharla era el vicio», confiesa el joven. Y hasta la identifica con la materia relatada: «Cada cuento era ella misma».

Se aplaza la resolución, la trama no se acaba de perfilar, avanza en varias entregas y es el narrador quien administra las dosis del acontecer. No queda resuelta hasta el final. Es como si pudiéramos leer el cuento al revés, en orden inverso. Solo al final conocemos que todo lo narrado era verdad. Las fotografías de los viajes relatados que aparecen en el álbum son el testimonio de que las experiencias narradas no eran el producto de la imaginación de la mujer. No eran literatura. Eran verdad. La realidad ha ganado la batalla a la ficción y esto frustra al joven protagonista. Es el desencanto. 
Es el estilo de Juan Carlos Onetti.