lunes, 30 de diciembre de 2013

Nómadas. El arte de contar el viaje

Nómadas VV.AA
Relatos de viajes
Selección y prólogo de Elías Gorostiaga
Editorial Playa de Ákaba
ISBN. 97884145131

        NÓMADAS 
El arte de contar el viaje.


El saxofonista de gafas de pasta que aparece en el relato “True Colors”, de David Yeste,  conoce seguro la dificultad que entraña reseñar una antología, no solo porque “lee siempre libros muy gordos”, sino porque además quiere ser antólogo. Elías Gorostiaga ha seleccionado a los veintiún autores que forman parte de Nómadas, el libro de relatos de viajes con el que la editorial Playa de Ákaba celebra su primer aniversario.

Además de la extensa nómina de escritores, el libro despliega un cuadro variado de tramas y técnicas, aun cuando el nexo de unión de los cuentos es la errancia, el nomadismo o el viaje al fin. Podemos imaginar la difícil tarea del antólogo cuando además ha hecho posible la convivencia de autores consagrados y reconocidos con otros que están empezando, o “emergentes”, como se les llama ahora. Esta circunstancia es un primer logro, un primer tanto positivo para Elías Gorostiaga porque se percibe la complicidad que menciona en el prólogo, ya sea en la voluntad de estilo, ya en la fuerza expresiva de algunos relatos, donde aparece la metáfora del viaje como exploración de uno mismo. Es evidente, sin embargo, que como punto negativo está la desproporción entre autores y autoras. Tres únicas voces de narradoras son muy pocas frente a dieciocho, aunque lo cierto es que brillan con luz propia por su calidad literaria.
Como consecuencia de reunir autores noveles con los de obra publicada (con la única jerarquía del orden alfabético en la disposición) se da la coexistencia entre escritores de distintas edades, sin primar a los jóvenes por el mero hecho de serlo. Esto me recuerda algunas antologías “modernas y guays” de autores muy jóvenes que han salido al mercado en los últimos meses: Última temporada (nacidos en los 80) de Lengua de trapo, o Bajo 30 (ya se sobreentiende el título) de la editorial Salto de página.

De los temas

Una antología de relatos es irremediablemente irregular, no contiene una sola trama sino, en este caso, veintiuna; no cabe solo una técnica, un narrador, un espacio y un tiempo, puesto que todo se multiplica. La holgura del nexo de unión de Nómadas, etiquetada como “literatura de viajes”, lleva en ocasiones a parecer que se ha forzado la pieza para caber y ajustarse al molde. La coincidencia de lugares comunes o tópicos heredados de la tradición era previsible: descripción de lugares exóticos, los hoteles, los recorridos, la soledad, el viaje como metáfora de huída y otros. Podemos hablar no obstante de algunos rasgos comunes a todos los relatos. Así, destaca la figura de un narrador viajero y culto, el narrador cronista, escritor en algún caso, con guiños o referencias al mundo de la literatura. Los temas predominantes además de los que forman parte de la tradición de la literatura de viajes, van desde la soledad, el hermano, la relación amorosa, el aborto, el viaje como regreso a la infancia, la muerte, el viaje como huída de la realidad,…

El cuento de Marta Sanz, “Vallar el jardín” es un ejemplo del uso del espacio narrativo como espejo donde identificarse. Se trata de la anagnórisis o el reconocimiento de la identidad del personaje. La narradora vuelve a la ciudad de la infancia para escribir una crónica. Aparece la ciudad soñada, idealizada y el temor a las presencias del pasado. El mismo asunto trata el relato de Javier López Menacho, “Laberinto”. La ciudad de la infancia del narrador es Jerez de la Frontera. La primera oración recuerda el inicio de Pedro Páramo: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo.” Quizá el nexo de unión entre ambos espacios sea la aridez en el sentido más amplio, un espacio devorado por la crisis y el caciquismo. Es un relato con ecos de denuncia social tras la descripción del modo de vida.

La figura del hermano aparece en dos de los textos. En el relato de Sergi Bellver, “Islandia” está presente la simbología del agua, los charcos, la ducha, la laguna. En tercera persona, un narrador subjetivo cuenta desde la mente del protagonista su propio viaje interior a la complejidad de las relaciones humanas. Con gran precisión del lenguaje y voluntad de estilo, hilvana los recuerdos de la infancia compartida con el hermano pequeño, de “hirviente imaginación” que se marchó “a recorrer el mundo”. Tal vez el nómada fuera él.
Carlos Castán en “La misión” vuelve sobre el tema del hermano. Ha focalizado en  un narrador testigo muy cercano a los hechos, con un  dominio absoluto del lenguaje, con el registro idiomático coloquial que actúa como un personaje más y logra que la narración fluya natural. Se narra el descenso a los infiernos de la drogodependencia con las consecuencias para los más cercanos.

Los relatos con mayor carga literaria son aquellos cuyos narradores viajeros y cultos van en busca de la inspiración o de sus propias obsesiones artísticas. Recuerda la tarea detectivesca de los personajes de  Roberto Bolaño. Se trata de “Las islas”, “La fiebre y la tortuga”, “El último viaje de John Newborn”, o “Gente y espacio”. Otro caso de narrador en busca de pistas es el relato de David Barba, “Guía turística de Tepico, el mercado de Brujas y la soledad”.

“Las islas”, de Jordi Carrión es un relato sobre la muerte y la soledad, donde aparece la isla como metáfora de incomunicación. El narrador, escritor de libros de viajes, reconstruye la historia de Emilio Toibero, un experto en el cine de Edgardo Cozarinsky, con quien se citó varias veces en Buenos Aires para intercambiar cintas de video. Deja constancia de sus lecturas, con numerosas referencias culturales y de sus pesquisas para volver a saber de Toibero con la fragmentación de su memoria. Emilio murió solo, con esa “soledad corrosiva” y su cuerpo estuvo en la morgue durante tres días sin que nadie lo reclamase.
En  “La fiebre y la tortuga”, de Juan Vico, de nuevo el narrador es un escritor y el espacio aquí es la ciudad literaria por excelencia, París. (La ciudad que me empuja a escribir. La ciudad que me escribe). El protagonista busca pistas en su universo literario: la casa de algunos personajes. Además de la reconstrucción de la historia de César Moro en el París de las vanguardias, el relato de Vico es un homenaje al texto, al proceso de creación en su estadio más primigenio: el de la divagación, la conexión primera de impresiones que llevan a descubrir un pasaje que siempre estuvo ahí.

De las técnicas y el estilo

En Nómadas predomina la primera persona como artificio narrativo que proporciona siempre una ilusión de proximidad. Dieciséis de los veintiún relatos están narrados en primera persona. La autoridad del narrador y el tono del texto dotan de verismo al relato. Aunque la ficción no tiene que ser verificable ya que su dosis de realidad siempre está cambiando, sí debe aspirar a la verosimilitud. Yago Vasil, en “El último viaje de John Newborn” narra en tercera persona la creación de un personaje que es de nuevo un poeta, del que se reconstruye su viaje a África. Utiliza el recurso del manuscrito hallado, un diario del protagonista. Jordi Esteva, en “Retorno al país de las almas”, opta también por el narrador escritor o cronista que viaja, esta vez a Costa de Marfil.

Algunos de los relatos se mueven en el terreno de lo fantástico, la ciencia ficción o lo sobrenatural. Es el caso de “La tierra de Nod”, de Óscar Solana o el relato de Manuel Vilas, “Montevideo, 2037”. Es uno de los pocos narrados en tercera persona. El tiempo del relato se sitúa en el futuro, con opciones telepáticas y con conserjes virtuales, pero con taxistas reales que todavía conducen hasta el centro de las ciudades.  Se adentra en el mundo de lo fantástico y del género negro. En cuanto al estilo, el del cuento de Vilas es un ejemplo de estilo nominal, frase corta, con abuso de los puntos y seguidos y la elipsis como motor del ritmo. 

Otro ejemplo es “Chocar”, de Luis Artigue, donde aparece el zoco de Fez como laberinto para el desencuentro de una pareja. De nuevo la frase corta, nominal y el  ritmo entrecortado. El narrador le describe a un tú el viaje de lo cotidiano a lo exótico y juega con el doble sentido de la palabra chocar.



Los cuentos de David Yeste, “True colors” y el de Felipe Zapico están más pegados a la realidad. El pimero narra el nomadismo que se practica en furgoneta, de pueblo en pueblo tocando en orquesta ambulante. Está bien conseguida la naturalidad en el registro de los personajes.
El de Carlos Zanón, “Jerusalén”, es otro cuento de itinerario. Se describe un recorrido, desde la puerta de Jaffa hasta la iglesia cristiana más antigua, la de San Marcos. Por momentos es un monólogo sobre la ciudad, con descripciones líricas, y referencias históricas. Intercala la segunda persona para apelar a un receptor que pudiera ser el lector. Se apunta que se trata de un fragmento de la novela en preparación del autor.
Los cuentos de Marina Perezagua, “Den Lilla Aurora (o la gestación de la paz)” y Nadia del Pozo, “Oaxaca”, aportan la visión de dos narradoras con fuerza y voluntad de estilo. En el primero el ritmo es muy rápido y muy marcado, de frase corta, con elipsis verbal, y en tiempo presente. Predominan las imágenes de mucha fuerza sensorial y  las metáforas visuales del mundo animal y vegetal, (la escena del alce o la de la ballena). Es una prosa poética, cuyo ritmo nos evoca el de un poema, pero con gran fuerza narrativa. El segundo es un cuento de trama cerrada, redonda y con una enorme riqueza léxica.

Elías Gorostiaga, el antólogo

Tiene razón Elías Gorostiaga cuando en el prólogo apunta que unas historias nos atraparán más que otras. Eso a veces tiene que ver con lo que buscamos como lectores. La irregularidad es inherente al género de la antología de distintos autores, pero la balanza aquí cae del lado de la calidad. Faulkner consideraba el cuento literario (the short story) un género tan complicado y esencial como la poesía porque debe concentrar, debido a su brevedad, en un fugaz instante la revelación de una trascendencia excepcional. Sus relatos fluyen de manera natural a pesar de dotarlos de una gran complejidad técnica, supeditada a menudo a los temas. Esto se ha conseguido en muchos de los relatos de Nómadas. La grandeza de la literatura está en  normalizar cualquier suceso, por muy fantástico que sea en origen, su grandeza está en hacerlo entendible y, paradójicamente, provocar ese instante de revelación trascendental… 

Y hay mucha literatura aquí y un arduo trabajo (además de intuición) donde la calidad gana la partida. 

                                            
Herminia Meoro, diciembre 2013



martes, 10 de diciembre de 2013

CONFIESO QUE HE LEÍDO


 
 
CONFIESO QUE HE LEÍDO 

Ahora que el año se acaba y pronto llegarán las listas, los balances, los nombres, las cifras, las estadísticas, los recuerdos y los olvidos, quiero compartir  aquí en petit comité la lista de unos cuantos de los libros que me han acompañado durante el 2013. Algunos por devoción, lo confieso, como es el caso de Iris Murdoch, autora que descubrí ya en el 2012 con El príncipe negro y a partir de ahí, ya no he podido dejar de leer. Otros libros han llegado a mi sillón por mera casualidad y otros por prescripción del club de lectura que comparto con amigos desde hace años y que se está revelando como un vivero de autores.
 

Dejo además unas anotaciones para cada uno de ellos, que no pretenden ser reseñas y puede que no se ajusten todas a la realidad, pero quieren ser sinceras impresiones. Con todos ellos he disfrutado y he sufrido, he aprendido y también a veces me han servido como consuelo, como escudo frente al peso de lo cotidiano.

 

 
 
Los libros que he leído durante el 2013
 

1.     La muerte de Montaigne, de Jorge Edward

2.     Relectura del Libro III, Los tres comercios, de Michael de Montaigne

3.     Fábulas del sentimiento, de Luis Mateo Díez

4.     Relectura de Volver, de Jaime Gil de Biedma

5.     El mar, el mar, de Iris Murdoch

6.     Amigos y amantes, de Iris Murdoch

7.     Las leyes de la frontera, de Javier Cercas

8.     Algo supuestamente divertido que nunca volvería a hacer, de D. Foster Wallace

9.     Una educación sensorial, de Rafael Argullol

10.  Intemperie, de Jesús Carrasco
 

11.  Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar.

12.  Henry y Cato, de Iris Murdoch

13.  Ciudad abierta, Teju Cole

14.  Pudor y dignidad, de Dag Solstad

15.  Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot

16.  Nómadas, de varios autores.
 
 
 

Apuntes:

1/ 2.  Montaigne se vuelve personaje en esta novela que mezcla elementos de ficción y de realidad, acaso en forma de crónica. A la parte de ficción, el narrador se refiere como “conjeturas”. Es una vuelta a la figura del creador del género del “ensayo” como tal. Es un diálogo con el maestro que le lleva a la búsqueda de lo personal. Su lectura me llevó al Montaigne original del Libro de los tres comercios. Habla de las relaciones o intercambios que se dan a lo largo de la vida: con los hombres, que engendra la amistad (la más sublime), con las mujeres, que engendra la amorosa-sexual y con los muertos a través de los libros. Hace un balance vital. Es un juego intelectual, un distanciamiento de sí mismo.

 

3. Fábulas del sentimiento. Un laberinto de personajes que dice Mateo Díez, son ejemplos de vida, con una tonalidad común. En esta obra ha reunido doce historias. Pequeñas cosas que trastocan lo que somos, sentimientos que se contraponen (amor, amistad, dolor, placer). La literatura, más allá de un refugio, es un lugar donde poder confrontar la complejidad de lo que somos.

 

4. Volver, un poemario de Gil de Biedma al que vuelvo en los días raros, Dice la contraportada que su poesía viene a ser la búsqueda y la invención de una identidad consciente “del irreparable paso del tiempo”. Pero el poeta aquí se aferra a los momentos felices que ha vivido, puede que instantes. A veces me pregunto sobre los tiempos felices del pasado, busco en la infancia, en la adolescencia y en la madurez también.

“Como libros leídos han pasado los años
 que van quedando lejos, ya sin razón de ser”

 

 

Continuará…




sábado, 23 de noviembre de 2013

A Coruña III. Xan Arias. De la Literatura.

A Coruña

La siguiente entrevista iba a ser la última de toda la serie, con un editor reconocido por su seriedad, Xan Arias, de Editorial Trifolium.  Es la mesa del fondo, a la izquierda”, me indicó a media voz la coordinadora, “tienes unos veinte minutos.”  Me acerqué con toda mi timidez a cuestas, pero sucedió que la entrevista  fue mudando hasta quedarse en una entrañable charla sobre literatura y se devoró en un soplo los veinte primeros minutos concedidos.

Se había leído tres de los cuentos porque le había llegado el manuscrito esa misma mañana y los dos primeros le habían  encantado. Del tercero, Historias del Evelyn me comentó su sorpresa por el tratamiento de la voz del narrador, que escondía  errores “buscados” de redacción. Me explicó entonces que él tiene siempre en cuenta tres aspectos: el lenguaje, la estructura y lo novedoso que pueda aparecer en lo narrado. Dice que las sensaciones no las debe dar el narrador, sino que las tiene que sentir el lector él solito, por lo que no se debe ser demasiado explícito. Abordamos el género del cuento literario y el hilo de la charla comenzó a fluir con toda naturalidad.

Coincidimos en que no es cierto que continúe siendo la novela lo que más busca el lector. También opina, como yo, que ha habido cierto resurgimiento del cuento literario. Me mencionó a Medardo Fraile, recientemente fallecido, elogiamos su obra y me dio el nombre de un discípulo del cuentista, Ricardo Martínez Conde. Recordé entonces que meses atrás, en una escapada a Madrid aproveché el trayecto en el AVE para leer un librito de cuentos que me regaló mi amiga Mercedes y fue una revelación para mí. Me avergoncé de no haberlo descubierto antes. El autor era Medardo Fraile, un escritor de la generación de los 50, la de Sánchez Ferlosio y Martín Gaite.

Le conté a Xan Arias mis impresiones al leerlo. Son cuentos que te dejan hipnotizado, algunos de ellos muy cortitos, con un lenguaje extremadamente cuidado, la palabra escogida, “la voz definitiva mil veces repensada”. En algunos no pasa nada, o aparentemente. Son muy buenos: Ojos inquietos, El álbum, El caramelo de limón. Me propuse leer más títulos de su obra y también indagar en su teoría sobre el cuento, en su poética. Es muy amigo de la naturalidad y la sencillez, pero a la vez, con un uso exquisito de la lengua. Me ha impresionado. Utiliza todos los recursos de la narración: el monólogo, el diálogo, la primera persona, el narrador omnisciente, el narrador testigo dentro y fuera del relato. He pensado que incluiré en el prólogo del proyecto de Ciudad de sombras estas ideas sobre el cuento, sobre su doble mensaje: lo expresado más lo insinuado. Me propuse en ese mismo instante leer dos de sus artículos: El cuento y su categoría literaria y El cuento, ¿género menor?

En otro de los cuentos, Monólogo de los sueños, utiliza un recurso que consiste en  inventar un interlocutor, un hombre que le escucha en un bar, que al final no existe, se desvanece. Me ha recordado otro cuento de Rulfo, Luvina. Al final, las dos palabras que me quedan sobre este autor son ternura y humildad. Dice que hay que colocar al lector en otro plano en un momento dado del desarrollo del cuento. Escribe cuentos que son verdaderas estampas. Podría yo escribir algún cuento estampa sobre la ciudad, detener el tiempo, por ejemplo, en un semáforo, en una paloma o en una conversación banal por las calles de Barcelona.

Pero volvamos a la conversación con Xan Arias:

Me dio muy buenos consejos para conseguir publicar, dirigirme a editoriales pequeñas, independientes, que busquen la calidad y no lo mercantil e intentar con ellos tener una entrevista personal. Primero enviar un mail y si no me contestan, pues llamar por teléfono.  Y sobre el oficio de editor, aquí (si haces click) una entrevista con declaración de intenciones."Soy un editor vocacional" 

Dice que el editor de verdad quiere ver la persona, ver más allá, ver la historia del autor.  Recuerdo sus palabras sobre el oficio de editor, para quien lo importante es el catálogo que va a quedar, que va a ser su verdadero legado.

 

Gracias, Xan y un saludo galaico desde Barcelona.

martes, 19 de noviembre de 2013

Novos. Encuentros en A Coruña II

Definitivamente, Galicia me ha traído suerte, en el centro Ágora de A Coruña






  Toño Angulo Daneri

Se ha leído los dos primeros relatos y el primero le ha encantado, dice que es redondo. De Morir mañana dice que le ha recordado una imagen y cita un relato de Gabriel García Márquez  en el que una anciana cruza una plaza, dice que ocurre lo mismo que al taxista protagonista, Mario, que espera la muerte.
Toño Angulo Daneri
Dice, como la mayoría, aunque yo creo que no es así, que los editores huyen de los libros de relatos, que los publican después de publicar la novela, o bien a autores ya conocidos.
Es jurado del concurso de la revista "Eñe" y me explica que se presentan muchos escritores y que han decidido bloquear a ganadores o finalistas durante tres años. Me recomienda volver a presentarme siempre y me garantiza que es uno de los premios más limpios que existen. No sé yo sí...
Me da el nombre de algunas editoriales más especializadas en cuentos, "Páginas de espuma", "Salto de página"' la editorial "Montesinos" (antigua de la revista Quimera) , "Alpha Decay", "Melusina", que editó "Matar en Barcelona".
De "Páginas de espuma" me cuenta que acaba de ganar el premio Biblioteca Breve, Guadalupe Nettel, que había sido alumna de Juan Villoro.

Una curiosidad, comenta que en España es mejor referirnos al género con la palabra “relato” porque, según él, cuento hace referencia a algo tradicional o infantil. No estoy de acuerdo con esta afirmación, ya que en la actualidad se editan con la palabra cuento y además, en mi taller leemos el artículo de la revista Letras Libres, sobre la definición de cuento y José de la Colina define:” Cuento es algo que alguien cuenta hablando o escribiendo, que tiene una historia real o imaginaria, que va de un principio a un final… y que en las publicaciones suele presentarse bajo la palabra CUENTO.”

Para terminar, me recomienda la página de Fuentetaja, por su guía de concursos de relatos.
Me aconseja, descartados los cursos de escritora creativa, buscar a algún escritor para qué me tutorice la novela o los cuentos. Me da dos nombres, Rolando Menéndez y Jorge Eduardo Bernardos.



lunes, 11 de noviembre de 2013

Crónica de Novos, en A Coruña. Parte I


 
Del diario, Cuaderno de los 50, me gustaría compartir algunos episodios del recorrido que he seguido hasta la publicación (inminente) del libro de relatos, Ciudad de Sombras.
Autora en busca de editor/a. Parte 1.
Es primavera y estoy en A Coruña, en el centro Ágora, donde se celebra el festival Novos, 2013. Se trata de una serie de entrevistas con  "personas influyentes" del mundo literario actual, para las que hemos sido seleccionados algunos autores de géneros diversos.
Esta tarde tengo la primera de las entrevistas para convencer de la valía de Ciudad de sombras. Es con la poetisa Graciela Baquero. 

Sábado, 23 de marzo por la noche

Ya he vuelto de la cita con Graciela, ha sido muy entrañable conmigo. Me ha animado a completar con tres cuentos más el libro. Recuerdo que envié tan solo el prólogo y, según ella, ha sido suficiente para que me convocaran puesto que dejaba con las ganas de leer algún cuento. Hemos hablado durante más de media hora de la literatura, de lo difícil que es vivir en un país gobernado por mediocres cuya única opción ante la situación de crisis es recortar en cultura, educación y en formación. También ha salido el tema de la mujer y su lenta incorporación al mundo cultural. Con razón ha dicho una frase que me ha llegado, “las mujeres acabamos de llegar al mundo, somos muy nuevas”. Graciela además me ha aconsejado registrar los cuentos cuanto antes para evitar posibles disgustos y tener mayor seguridad.
Pero lo mejor ha sido una pequeña charla que he mantenido con Diana Zaforteza, de editorial Alfabia, a ella le he comentado el curso del máster, sobre  los profesores y le he hablado del proyecto. Me ha pedido que le envíe un mail con el manuscrito y se ha quedado una copia. Me ha dado muy buenas sensaciones.
                                                                                                 Continuará

domingo, 27 de octubre de 2013

La hora regalada


 
Hoy es domingo 27 de octubre, los relojes apenas estrenan minutos de invierno. Mi tren entra en la estación de Sants con algo de retraso, con la extrañeza del cambio horario, con la incertidumbre de si  llegaré a la hora señalada de hoy o de ayer, último día del horario de verano. Con veinticinco horas por delante, el día promete mucho futuro.
 
Llego a una ciudad todavía dormida y dispongo de tiempo suficiente para tomar un café y ojear mi columna semanal en El Universal. La sorpresa es que mi columna ha cambiado de firma.

Mi columna no es una columna sino que es un artículo a doble página cuyo titular expresa la fulminante decisión de retirarme del “mundanal ruido”: El escritor Javier Talens clausura su trayectoria literaria. Un amplio artículo que habla sobre la inseguridad del creador ante su obra, según adquiere más experiencia, de la angustia ante el propio juicio y no tanto ante el juicio de los demás, (…) lo que realmente aterra al escritor  es la revelación de su propio fracaso, confiesa su inseguridad que creció desde la publicación de su última obra, a pesar de los elogios de la crítica afín. Pero el artículo tiene un tono inusual, una acritud, una acidez mordaz más acusada.

Marian no está. Sólo está mi silencio. Alguien quiere matar mi voz, que se adelgace hasta desaparecer, no chirríe más. Leo de nuevo el artículo y descubro el veneno, la contraseña en diferente cuerpo de letra.

Desde que escribo estas notas duermo mal, pienso que esta hora regalada al día de hoy ha sido una ilusión, un espejismo. Ayer no hubiera pasado esto.
 

sábado, 26 de octubre de 2013

El clásico. Del fútbol y la literatura


EL "CLÁSICO"
 
 

Esta tarde se juega el clásico, la ciudad enmudecerá en unas horas. Me pregunto desde cuándo se utiliza este adjetivo para nombrar un partido de fútbol entre máximos rivales. Puede que este tipo de encuentros pertenezca al canon de la tradición futbolística, y podamos encontrar en las librerías un ejemplar con los 1001 partidos que hay que ver (o jugar) antes morir.

Me resulta inevitable establecer la comparación semántica con el concepto de clásico en la literatura. Desde tiempos muy antiguos viene la idea del canon de aquellas obras dignas de imitación, que comportan un valor permanente, perdurable en el tiempo y en la memoria. Más cercanas son las definiciones de Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos. Paso por alto las más brillantes y las obvias, como aquella de que los clásicos son en realidad relecturas, o la que afirma que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Me quedo para definir el clásico de esta tarde
 
con la que afirma: clásico es todo libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes. Esta sí, si cambiamos “libro” por “partido”, obviamente. Un seguro protagonista de la noche ha declarado hoy mismo que en la vida ni en el fútbol, no vale todo, “ni si quiera en un clásico” y que la vida es más grande que un partido de fútbol.
 
Quizá no ha leído a Calvino.

domingo, 20 de octubre de 2013

En mitad de la carretera




 



Aquel pobre perro. En mitad de la carretera con la mirada perdida en un punto lejano. No se movía. Tan solo de vez en cuando me olisqueaba los dedos, que conservaban el olor del arenque del almuerzo. Después me lamía las manos y volvía a su postura vigilante. La húmeda lengua suspendida temblaba al compás de su respiración. Claro que ninguno de los dos quería estar allí, bajo el sol tórrido de agosto. Los dos teníamos sed y preguntas. Sin duda el perro, de estar solo, hubiera salido corriendo tras la camioneta de John hasta desfallecer. Volvería en una media hora, dijo. El almacén de los Forbes estaba a pocos Kilómetros, recogería la mercancía y haría el porte hasta la ciudad. Volveré en media hora, dijo John. En esta piedra junto al poste estarás bien, no te desvíes de la carretera, así te distinguiré. 
Ninguno de los dos quería estar allí, sobre la luz oleosa del asfalto al atardecer.



martes, 15 de octubre de 2013

De la utopía o el estilo literario


La curiosidad por todo aquello que le inquieta ha llevado a Aarón Forner Martín, alumno de bachillerato, a elaborar un trabajo cuya idea principal es la utopía a lo largo de la historia. Platón y Thomas More con sendas teorías que ahora se le aparecen como una revelación: La República y Utopía.
En esta última, la isla de More, una isla de felicidad, un lugar ideal y perfecto o el estado donde todos viven en armonía y todo es para el bien de todo el mundo.

Creo que en este asunto la literatura tiene mucho que ver, creo que es la gran hacedora de utopías; ya sean interiores, en la mente del que lee, como colectivas, en grupos de minorías culturales. Así, si la realidad está constreñida por las leyes y normas que la rigen; la literatura carece de otros límites que no sean la propia imaginación o la re-creación de otros mundos u otras realidades. La literatura se presenta siempre como la otra cara de la realidad. Recuerdo ahora las palabras de Claudio Magris en Utopía y desencanto, que casi parecen un aforismo: La utopía da sentido a la vida, porque exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido; don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmo de Mambrino.

  Aarón, yo te bautizo como el buscador de utopías y te proclamo el destinatario de mi cuaderno. Tú eres joven y te lanzas en busca de una sociedad alternativa, motivado quizá por los tiempos que nos están calando con su incertidumbre y que tienen vuestro futuro secuestrado. La utopía, concepto ambiguo, doctrina optimista irrealizable desde el mismo momento de su proclamación, vuelve al protagonismo histórico en la segunda década del siglo XXI, gracias a la situación crítica que nos ha tocado vivir. Por ella se han rebelado todas las primaveras y todos los indignados que claman su malestar.

Me olvido pues, por el momento, de mi afán por hallar el estilo literario, aunque te confieso Aarón que me guardo mucho de no desviarme de la naturalidad para dialogar contigo. Siento mucho respeto o temor a la grandilocuencia e incluso a los adjetivos como portadores de artificio. Tengo fe sin embargo en la estructura, en las técnicas, en las horas de trabajo invertidas en el proceso de creación; como tú debes hacer para llevar a buen término tu ensayo sobre la utopía.

 Al tratarse de escritura personal, es evidente que debemos utilizar una voz natural, una primera persona que transmita seguridad a la hora de contar, de pactar contigo como interlocutor. Pero puedo inventar un narrador en primera persona ficticio, un profesor cercano a la madurez que lleva varios años buscando, sin éxito, eso que llaman el estilo literario.

 Por ejemplo, podría utilizar el estilo indirecto libre, persuadir al lector, fingir la subjetividad cuando aparece una zona común entre el universo del personaje y el universo del narrador. Personaje y narrador se han dejado contaminar. Recuerdo aquí el inicio de la novela de Virginia Woolf: La señora Dalloway: “La señora Dalloway dijo que las flores las compraría ella. Porque Lucy tenía ya trabajo suficiente.” Yo podría escribir: “El profesor dijo que el proyecto de Aarón lo dirigiría él. Porque los demás ya tenían suficientes trabajos asignados”. Vargas Llosa señala que en esta novela, el narrador está siempre instalado en la intimidad de los personajes, cuyas conciencias se hallan siempre en movimiento y llega a la conclusión de que la maestría consiste en alternar sabiamente el estilo indirecto libre y el monólogo interior. Perdona Aarón si en ocasiones caigo en elucubraciones de este tipo que piensas que a ti no te atañen, pero en el proceso creativo, todo esto es necesario. Y es que ahora estoy involucrado en un proyecto, como ahora se dice, un proyecto literario que me lleva a pensar, a hilvanar una obra apenas naciente.
Podemos hablar de la inspiración, del esfuerzo, del desánimo que muchas veces me invade. Podemos hablar de lo que quizá te sucederá a ti también, de la repetición de los destinos para tu búsqueda y la mía.

lunes, 30 de septiembre de 2013

El dulce Benny

El dulce Benny

Aquella mañana Pablo abandonó muy temprano la casa. Su mujer pasó hasta el mediodía enfrascada en sus tareas domésticas y preparando la comida. Pero empezó a ponerse nerviosa cuando miró el reloj. Eran las tres de la tarde y Pablo no había regresado aún. No le había oído marchar por la mañana. Le resultó muy extraño sobre todo que no se hubiera llevado a Benny, el dulce suicida cavalier king Charles, bicolor fuego oscuro y blanco, con el que convivían desde hacía años. El perro dormía plácidamente a los pies de la cama, del lado de Pablo. Asustada, Carmen me llamó a mí y a varios amigos y familiares, pero nadie sabía nada de su marido. 
 
Por fin, decidió llamar a la policía, hospitales y a otros lugares a los que solía acudir. Ni rastro. Tanto trajín despertó a Benny, e inexplicablemente, comenzó a gemir, a dar vueltas sobre Carmen para llamar su atención, ladraba con un extraño timbre que más parecía un llanto desesperado. "Hasta los ojillos se le nublaron”, me comenta. Ella pensó que tal vez quería decirle algo. Era un miembro más de la familia y; en los últimos años, sentían por él mucho cariño y compasión. Y es que Pablo humanizaba muchas de sus acciones: lo bañaba con sumo cuidado, le servía de la misma comida que él tomaba. Lo mimaba hasta el extremo de que parecían  mimetizarse entre ellos. Ahora, ante el extraño ladrido de Benny, Carmen recordó que  últimamente había descubierto en su marido una rara manera de rascarse el cogote compulsivamente que, por un momento, le hizo gracia porque  parecía el mismísimo gesto de Benny.

 (...)

Junto con el certificado de defunción, a Carmen le entregaron un papel arrugado hallado en un bolsillo del pantalón, con letra irregular y nerviosa. Yo pude reconocer las formas de la caligrafía de Pablo:

Esta mañana he despertado ovillado sobre el suelo en un rincón de la habitación. No me explico cómo ni cuándo he caído de la cama pero estaba muy cómodo. Sentí un fuerte picor general por todo mi cuerpo y al levantar el brazo para rascarme, he visto aún soñoliento una pata peluda que respondía la orden de mi cerebro y se acercaba a rozar la zona indicada. Pienso que será consecuencia de mi estado de sueño. No recuerdo si anoche bebí alguna copa más de la cuenta. Quizá era demasiado temprano, cerré los ojos y continué durmiendo sobre el suelo en la misma posición. Desde allí podía oír los pasos de mi mujer por la cocina en su habitual trasiego de platos y de tareas cotidianas. Mi olfato se llenó de olores extraños, que nunca antes había percibido. También me llegaba el rumor de voces desde la radio, con tertulias sobre la visita de alguien muy importante a la ciudad.

                                                                Estaba feliz, una tranquila mañana me acunaba con placidez.
 

 

martes, 24 de septiembre de 2013

El camarero y el bloc de anillas



El camarero y el bloc de anillas


Para cuando los bomberos irrumpieron en la planta principal del Hotel W, se vislumbraban ya las primeras luces en la silueta del paseo. Algunos clientes se movían  extrañados por la terraza en pequeños grupos. El camarero Eduardo Llanos fue testigo de los hechos cuando la víctima se desplomó junto a él y le cayó tan cerca, que ya nunca olvidará la mueca de su rostro.

El hotel se sitúa de forma perpendicular al muelle. Su fachada es de vidrio reflectante, lo que le permite cambiar de color en función de la hora del día y de la intensidad de la luz que lo envuelva. Así, nos puede resultar agrisado en mañanas despejadas, ahumado entre la niebla del amanecer y otras veces, bebe del azul metálico, en plena calima.
 
Para el exterior del rascacielos de veintiséis pisos se ha delimitado su perfil con una línea blanca de ledes en la alzada que dibujan la forma de vela y le confieren un perfil de buque misterioso siempre a punto de zarpar.
El camarero Eduardo Llanos alargó su brazo en una suerte de difícil maniobra, sin apenas mover los pies porque rozaban el cuerpo desplomado de Julia Tello, y todo por intentar cazar al vuelo un bloc de anillas, de páginas cuadriculadas escritas con una letra pulcra y elegante que salió disparado del bolso de la víctima.
Martes, 17 de marzo
Hace unos días me decidí a enviar una propuesta editorial a alguna dirección, (lo cierto es que sólo han sido tres) y me ha hecho cierta ilusión recibir una respuesta, aunque negativa de la editorial Atlantis, con bastante prestigio. Me sentí como una verdadera autora. Leí la respuesta como desde fuera, como si no fuera conmigo. La oración desiderativa que cierra el correo me hace sentir muy bien: Te deseamos toda la suerte del mundo para que encuentres un editor. Quizá me espera en Barcelona.
Y es que por fin he recibido una propuesta en serio para publicar. La cita es en quince días y se celebra en Barcelona. Estoy decidida a presentarme allí con mi dossier bajo el brazo. Volver a mi ciudad después de cinco años de ausencia me hará bien. Aunque lo importante es la literatura, acaso más que la vida.
 
 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Hoy he visto a Juan Villoro



Hoy ya es ayer; o mejor, hoy será un día de este ya casi olvidado verano.
 
Había pasado toda la mañana en la Biblioteca de Catalunya intentando poner al día el correo, atrapar la inspiración y terminar la propuesta de trabajo del taller: escribir un artículo sobre el futuro del libro y el escritor. Cuando volvía a casa en moto, en el cruce entre la calle Consell de Cent y Roger de Llúria, vi a Juan Villoro, el escritor.
En un primer momento casi lo atropello porque perdí el control de la moto por unos segundos. Además, casi provoco un accidente porque ante mi asombro, giré peligrosamente la cabeza hacia él para asegurarme de que aquella era la barba de Juan.  Estuve a punto de llamarle, de gritar Juan, Juan; pero de nuevo doña timidez  me enmudeció y me condujo a tirones calle arriba. El escritor, ajeno a todo, alcanzó impasible el otro extremo de la cebra. Vestía felizmente una camisa de flores sobre camiseta y portaba una bolsa de la librería La Central en la mano.